Muchos de estos niños eran muy pequeños cuando el huracán María devastó a Puerto Rico en septiembre de 2017. Vivieron uno de los huracanes más destructivos en la historia de nuestra isla. Sus familias soportaron hogares destruidos, apagones prolongados, dificultades económicas y meses de incertidumbre.
Justo cuando la vida comenzaba a volver a la normalidad, llegó la pandemia del COVID-19. Las escuelas cerraron, los deportes organizados se detuvieron, los niños quedaron aislados y se interrumpieron años cruciales de su desarrollo.
Aun así, a través de todo ello, WOBA continuó con su misión.
Operamos con recursos muy limitados. No tenemos instalaciones de entrenamiento modernas ni con aire acondicionado. Gran parte de nuestro equipo es viejo, está desgastado y ha sido usado por generaciones de jugadores. Dependemos de voluntarios que aportan su tiempo, conocimiento, energía y, a menudo, su propio dinero, simplemente porque creen que estos niños merecen una oportunidad.
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